Análisis y Actualidad

8 de marzo: LA MUJER TRABAJADORA, al centro DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA UNIDAD COMBATIVA DE CLASE

(NUESTRO MAYOR RETO)

Una vez más afrontamos este DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA como una jornada de combate y lucha, porque –como recordamos cada año– el 8 de marzo se conmemora y homenajea a esas valientes obreras del textil que protagonizaron manifestaciones y huelgas reivindicativas a finales del siglo XIX y principios del XX, con un balance de cientos de mujeres reprimidas y asesinadas por la policía y los patronos. También recordamos que fueron dos imprescindibles comunistas, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, las artífi ces de la proclamación de una fecha en defensa de la Mujer Trabajadora, tras la propuesta de Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague en 1910.

Es evidente que a las mujeres socialmente más desprotegidas, las trabajadoras, les caen encima de un modo más acusado todas las injusticias y lacras del sistema capitalista. A ello se añade la violencia machista en forma de asesinatos, violaciones y malos tratos de todo tipo que soportan, en mayor o menor medida, las mujeres de todo el mundo. Ante esto ciertamente se impone la lucha más intransigente contra el patriarcado. Pero incluso para que dicha lucha prospere, es necesario huir de todo planteamiento interclasista o “transversal”, más aún en lo que se refiere a las condiciones laborales. Por eso, con motivo del 8 de marzo, tal como defendiera Zetkin, llamamos a las mujeres obreras a que se pongan en la primera línea junto a sus compañeros de clase en la lucha contra el capital, en la convicción de que es ese el camino más efectivo no solo para su emancipación obrera sino para la destrucción completa del patriarcado.

No podemos permitir que nos confundan: las mujeres burguesas –al igual que los hombres burgueses– son nuestras enemigas de clase y los hombres trabajadores –a los que hay que exigirles que caminen hacia la superación de cualquier vestigio de patriarcado– son nuestros aliados para el combate esencial contra el capital. Nuestro reto mayor como mujeres trabajadoras es la reconstrucción de la unidad combativa de clase que nos lleve a la destrucción de las relaciones capitalistas, sociales y económicas.

Es cierto que en muchas ocasiones el miedo, la presión social, las jornadas interminables y las cargas familiares hacen casi imposible que las mujeres trabajadoras nos incorporemos todo lo que sería deseable a la lucha política y al Movimiento Obrero. Ni que decir tiene que es indispensable exigir desde ya, y como expresión clave de conciencia de clase, el reparto de las tareas domésticas en el hogar, así como hacer efectiva la participación más destacada de las mujeres dentro de la lucha política y social. Pero lo que está claro es que si no luchamos juntas y juntos, si no neutralizamos todo intento de dividir a nuestra clase, no existe posibilidad alguna de obtener ningún atisbo real de emancipación.

Por eso, desde Red Roja llamamos a la participación en la huelga y la jornada de lucha del 8 de marzo a toda la clase obrera. En ningún caso nos sentiremos representados ni representadas por aquellas convocatorias que intentan excluir a nuestros compañeros de clase, planteando una huelga exclusivamente “de mujeres” y –en algunos casos– invitando a los hombres a ir a trabajar ese día. No vamos a avalar ningún tipo de sectarismo dentro de nuestra clase. La unidad y la solidaridad son nuestras consignas. No nos reconocemos en el discurso de determinados panfl etos y manifi estos que de hecho humillan a quienes diariamente, codo a codo, luchan a nuestro lado por la emancipación de la mujer. No, no los meteremos en el saco de un imaginario “enemigo” al que hay que rechazar y apartar de las movilizaciones. Y, naturalmente, no participaremos de la peligrosa falacia de un supuesto “feminismo como única alternativa al neoliberalismo” que algunas representantes de organizaciones que dicen “representar el cambio” intentan extender para conseguir su cuota electoral, aunque sea a costa de desviar la protesta social de planteamientos verdaderamente peligrosos… para el sistema.

No habrá cambio revolucionario sin la unidad de clase, de todas las personas de la clase obrera. Y las mujeres no conseguirán su emancipación sin este cambio revolucionario. Pese a la opresión que nos destina a ser presas del miedo y someternos al orden establecido, y pese a los planteamientos insolidarios, desviacionistas y electoralistas difundidos a menudo desde los medios de comunicación, las mujeres trabajadoras hemos estado y estaremos en vanguardia en la lucha por la liberación de la clase obrera y, en este contexto, por nuestra emancipación integral. Y seremos las primeras precisamente porque las cadenas que nos atenazan son más fuertes.

¡La emancipación no se pide… en el combate se consigue!

Red Roja

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